
Articulo publicado en www.cideconsultora.cl
Los resultados de la medición de pobreza, entregados hace un par de semanas, han despertado un interés en la ciudadanía, la que, podríamos decir, se divide en escepticos y confiados. Más allá de todo es necesario profundizar sobre este sistema de medición y los datos que éste entrega
El
índice que utiliza CASEN[1]
para medir la pobreza se denomina índice “H”. Este entrega una cifra que
resulta de dividir a la población total por las personas que están bajo la
línea de la pobreza[2].
En la actualidad este índice esta bajo profundos cuestionamientos. Por una
parte no permite diferenciar y
cuantificar la pobreza de aquellas personas u hogares que están por debajo la
línea de la pobreza (L.P), es decir, no nos dice que tan pobres son los
pobres o cuanta es la diferencia entre ellos, además de no ser sensible a su
variación de ingresos. Por último, también es insensible a las
“transferencias”, es decir, no capta las transferencias de recursos entre
personas u hogares bajo la L.P.
Otra
gran deficiencia de CASEN es la base
desde la cual construye el valor de la
Línea de Pobreza. Esta tiene su origen en la Encuesta de Presupuestos
Familiares (E.P.F) realizada en el año 1987. De ésta fecha en adelante solo se
han realizado ajustes mediante el I.P.C. para cada año. Por tanto, CASEN soslaya una variación de 25 años en el Patrón de
Consumo de los Chilenos lo que puede producir aberraciones estadísticas,
tales como, que en 5 años se erradique la indigencia.
En
los términos de CASEN la pobreza total
disminuyo en un 0.7%. No obstante lo anterior, lo que no nos logra decir esta
medición, es que los pobres no indigentes[3]
aumentaron en 0,2%, es decir, el quantum
de pobreza que CASEN asegura haber disminuido esta, también, compuesta por los indigentes[4] que
salieron de su condición para pasar a ser pobres no indigentes. Es decir,
disminuyo la pobreza porque algunos dejaron de ser tan pobres. Es más, los
indigentes que conservaron esa calidad
agudizaron su condición llegándose a establecer grupos de personas
indigentes que se encuentran en situaciones peores que otras que comparten en
esa misma posición. Además, no se ha demostrado que el segmento más cercano
a dejar la pobreza efectivamente la haya abandonado, por tanto, se podría llegar
a asegurar estadísticamente que la cantidad de pobres en su totalidad no
disminuyó, incluso pudo haber aumentado.
El sistema de medición de
la pobreza debe demostrar la real dimensión de personas y hogares que se
encuentren bajo la L.P. Es decir, debemos avanzar hacia índices que midan la “profundidad” de la pobreza y
que permitirá
determinar cuál es el grado de “desigualad” entre los chilenos bajo la L.P.
El consenso es que la evolución de la pobreza y los cambios en la
distribución del ingreso están estrechamente relacionados. La magnitud y
extensión de la pobreza de un país depende de dos factores: el
nivel promedio de ingresos y el grado de desigualdad en su distribución.
Para un nivel nacional determinado de ingreso per cápita, a mayor desigualdad
en la distribución, mayor la incidencia de la pobreza.
No
es difícil concluir que CASEN es insuficiente para determinar la multidimencionalidad
de la pobreza y cuantificar que tan pobres son los pobres en Chile, factores necesarios a la hora de
aplicar las políticas públicas destinadas a terminar con este flagelo.
Rodrigo Plaza Maldonado
Director de Estudios Y Proyectos
CIDE consultora
www.cideconsultora.cl
www.cideconsultora.cl
contacto@cideconsultora.cl
@CIDEconsultora
0 postee:
Publicar un comentario